Aún no toca, pero ya estoy cenando con Juan (al que nunca he llamado Juan) y, supongo, con el resto de mis ex-compañeros de clase. La cena ocurre sin demasiados detalles, pero queda cortada por movimientos sísmicos y chirridos producidos por toneladas de metal y hormigón. Cuando salimos del restaurante confirmo que al final quedamos en Granollers, algo totalmente insólito.
El restaurante está en la calle que yo suelo concebir como la de Brígida, la calle que no es la de Brígida.
Ese ruido de grandes cuerpos artificiales desplazándose por el cielo nocturno ya lo he vivido; me lo creo.
No estoy seguro si llego a ver a los Morenos cuando se despiden y separan de nosotros o realmente nunca llego a confirmar si cenaron esa noche con nosotros o no... la cuestión es que acabo con Juan en un coche de forma triangular (el conductor y el copiloto se sientan en la parte de atrás, la parte frontal o morro se va estrechando hasta formar una punta, y es ahí dónde se sentarían los cuatro o seis pasajeros, mirando hacia los laterales). Creo que es verde brillante, pero no estoy muy seguro.
Entre el estrépito tan solo logramos avanzar dos manzanas. Algo realmente voluminoso y en llamas se derrumba sobre nosotros y pierdo de vista a Juan y al coche. Sorprendentemente ya estoy en mi calle, a pie, y están ahí Jack y Asesora.
Asesora, muy entendida en temas extraterrestres, nos aconseja ser prudentes, hacernos las estatuas y, sobretodo, no provocar AL SER ANTROPOMORFO, CABEZÓN Y VESTIDO DE COLORES CHILLONES QUE ACABA DE SALIR DE ESE ALGO REALMENTE VOLUMINOSO Y EN LLAMAS QUE SE DERRUMBÓ SOBRE EL COCHE.
Sé que pertenece a la raza de los Aurelianos y que no debería hacer lo que estoy a punto de hacer, pero acabo cediendo y, en primera persona, vacío todo un cargador de mi pistola sobre la tuberosa cabeza del extraterrestre.
cash fast loans
Fa 13 anys